Como denominador común el elemento central de la acción recae sobre un gorila de grandes dimensiones con afición por subirse a los elevados edificios y, ya puestos, a secuestrar a la novia del protagonista.
Eso mismo debían de pensar los estudios de cine Universal cuando demandaron a Nintendo por aprovecharse de la licencia del célebre largometraje en su propio beneficio.
Sin embargo el juez encargado del caso, W. Sweet, falló a favor de la compañía del simpático fontanero, ya que por el tiempo transcurrido desde la aparición de la película original - más de cuarenta años - era considerada de dominio público, por lo que los derechos que reclamaba el estudio cinematográfico habían expirado.
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