
El bueno de Ralph Baer ya había escapado de las garras del nazismo cuando Hitler se consolidó en el poder durante los años treinta.

Dada la experiencia que había adquirido durante su vida laboral con las pantallas de televisión, llegó a interesarse por buscar el modo de reducir el tamaño de diversos componentes, así como por perfeccionar la calidad de imagen.




Baer, hijo de judíos como era, comenzó sus estudios en el Instituto Americano de la Televisión de Chicago, y no tardó en sorprender a todos los profesores con sus habilidades innatas para la electrónica, pese a no disponer de enseñanza secundaria.
Tras licenciarse, este nuevo talento comenzó su trayectoria profesional dedicándose a diversos proyectos militares de dudosa utilidad, pero como buen pacifista pronto se procuró otras labores, orientando su trabajo hacia los transistores y los tubos de vacío; unos componentes básicos para el desarrollo y fabricación de los primeros modelos de televisores.

Dada la experiencia que había adquirido durante su vida laboral con las pantallas de televisión, llegó a interesarse por buscar el modo de reducir el tamaño de diversos componentes, así como por perfeccionar la calidad de imagen.
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Su naturaleza inquieta le procuró una idea, conseguir mejorar la interactividad con la televisión de modo que el consumidor no estuviese limitado a sentarse frente a ella, sino que fuera capaz de cambiar las imágenes a placer.
Y la inspiración se le manifestó mientras esperaba pacientemente sentado en la parada del autobús, cuando tuvo la genial idea de crear imágenes simples que reaccionasen a las órdenes de los usuarios.
Hasta ese momento todos los videojuegos disponibles hacían servir potentes ordenadores o bien habían sido desarrollados para máquinas recreativas, pero la idea de Baer iba mucho más allá, pues tenía la firme intención de portar esos mismos juegos a los hogares.
De hecho, en una primera toma de contacto, la intención del inconfundible genio alemán pasaba por desarrollar un aparato que permitiese mejorar a los televisores ya existentes.
Por lo que en el año 1.972 se comercializó la Magnavox Odyssey, que ostenta el honor de ser la primera consola de videojuegos de la historia.

Durante la etapa inicial aquel arcaico prototipo fue bautizado con el insulso nombre de caja marrón, y a grandes rasgos utilizaba señales análogas para mover un punto en la pantalla - que hacía las veces de pelota -, por lo que los juegos deportivos rápidamente proliferaron.
Si bien es cierto que los anteriores programas creados por Baer resultaron aburridos en exceso, la suerte cambió con la llegada del sensacional y divertidísimo Ping Pong.
No obstante es preciso destacar que el éxito de Magnavox Odyssey fue limitado debido a que el aspecto que lucían los títulos resultaba extremadamente rudimentario, lo que obligaba a los desarrolladores a exprimir todo su ingenio tratando de engalanarlos con otros alicientes - que en la mayoría de casos pasaban por ser periféricos complementarios, tales como dados, tableros para cartas, y un largo etcétera -.

Pero el resultado obtenido no fue el deseado, pues tras unos cuantos intentos fallidos los usuarios preferían pasar por alto muchos de estos elementos para divertirse a su modo, aplicando sus propias reglas.

Por si fuera poco, la compañía decidió elaborar una campaña de publicidad que incitaba al engaño, haciendo creer a los consumidores que la consola tan solo funcionaba con televisores pertenecientes a la misma marca.
Y el resultado no se hizo esperar, pues se produjo el primer rotundo fracaso de la historia en el mundo de los videojuegos.
Basta con ver las modestas cifras de ventas para darse cuenta de ello, de apenas 100.000 unidades en los más de dos años de vida que tuvo la plataforma.
Tras comprobar con cierta desilusión como Atari triunfaba en un mercado que el mismo Ralph Baer había ideado, el desarrollador alemán prefirió abandonar el terreno de los videojuegos para aventurarse en el sector de los juguetes electrónicos, entre los que destacan los populares Simon o Maniac, por citar tan solo algunos de los ejemplos más conocidos.

Buen aporte, que gran máquina!!
ResponderSuprimirQuien pudiera hacerse con una, aunque solo sea por el tema del coleccionismo :p
Que grande, en la vida había oido hablar de esta consola. Casi siempre descubro cosas nuevas por tu página n_n
ResponderSuprimirMe ha gustado enterarme de este pedacito de historia.
ResponderSuprimirTodos los comienzos son difíciles como se suele decir.
Y está bien que los reflejes por aquí.
Un saludo ^^
Yo tuve la atari, tenia el ping-pong y alguna otra variante...
ResponderSuprimirTe hablo de 1979-80(apenas contaba con 7 años...)
ahh si, recuerdo que vi esto en un documental de History Channel :D
ResponderSuprimirParece que era entretenido el Ping Pong.
Lo más cerca que estuve de ver como era el juego fue en un episodio de That 7'0s Show en el que Red trae uno de esos y quedan todos re adictos al jueguito jaja
me alegro de no haber estado en esta epoca videojueguil...
ResponderSuprimirMe encanta el blog, ya me he revisado todo lo de cosplay y me ha encantado.
PD: Te agrego en mi blog como página recomendada. Escuchate el podcast, a ver si te gusta!
Gran artículo!
ResponderSuprimirComo me hubiera molado pillar una consola de estas.
Aunque se me hace muy raro que tuviera dados y juegos de cartas y cosas así.
Una rareza o una consola adelantada a su tiempo?
Quién sabe.
Hola gente:
ResponderSuprimirA P.Argentona: molaría mucho poder jugar con esta consola; desde luego como objeto de coleccionismo es inmejorable. La primera consola de la historia, se dice pronto...
A Iroquois y M. Roll: Gracias por la parte que me toca n_n
A Baalgarath: el Pong de Atari es mítico donde los haya. Puede gustar más o menos, pero es todo un clásico atemporal. Quien más y quien menos todos los que hemos participado de la época de Atari hemos tenido ocasión de ver alguna máquina clónica.
A Fenris: hola compañera, me alegro de verte por aquí. Visto con los ojos de ahora el juego resulta casi del jurásico, pero en aquellos años fue toda una revolución. Estos modestos comienzos fueron en realidad pasos de gigante, que hicieron posible que la industria se consolidara hasta llegar a convertirse en lo que es hoy.
A Sx Maki: Yo disfruté especialmente de las etapas de los 8 y 16 bits, aunque el paso por los 32 también me dejó un recuerdo imborrable. En cuanto saque un poco de tiempo me pongo con tu podcast. Estas semanas las tengo bastante ocupadas y a duras penas saco tiempo para escribir artículos por aquí, pero me queda pendiente. Luego te pongo también un enlace. Un saludo!
A Joan: cosas más raras se han visto en la Wii la verdad, como aquel muñeco de juguete al que había que meterle el mando por el orificio trasero. Aunque por aquel entonces el tema de los dados y similares no despertó demasiado interés entre los aficionados al medio.
Digno tributo a la primera consola de videojeugos, ¡cuanto te debemos Ralph Baer!
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